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La gente dice que estoy loca, loca porque lleno una maleta de 23 kilogramos de material escolar y una pequeña mochila de ropa ligera, botiquín básico y toneladas de ilusión para viajar a los confines de la Tierra, para perderme en una tierra mágica, llena de energía y desbordante de intensidad. La gente dice que estoy loca por montarme en un avión para en vez de ir al Caribe o a las Maldivas irme a las profundidades de un África que me llena el alma y renueva mis energías, cosa que ningunas idílicas vacaciones consigue. La gente dice que me gasto un dinero en ir a sufrir, en ir a trabajar cuando podría gastármelo en comer y beber tirada en una toalla de una magnifica playa…pero…si toda esa gente experimentase solo una milésima parte de lo que yo he vivido en mi primer viaje a Guinea Bissau, entenderían los motivos de mi locura.
Llegué a Bissau después de un duro viaje de avión con escala y dificultades en el aterrizaje, varias horas más tarde de lo previsto, algo que nos hizo a todas las voluntarias cultivar nuestra paciencia y sobre todo empezar a conocernos un poquito más, hacer “Piña”. Nada más pisar tierra africana sentí como me invadía una sensación de libertad y pureza nunca antes experimentada.
Un rápido primer contacto con la capital del país con el que apenas me dio tiempo a captar todo lo que mis ojos veían y mi corazón absorbía y nos pusimos rumbo a Varela, tabanca costera a 160 km y “tan solo” 5 horas de viaje, un nuevo duro y apasionante viaje entre la jungla en la que poco a poco nos íbamos adentrando en nuestra aventura.
El objetivo de este viaje era de “formación del profesorado” de un “bocado” (unas pocas) de escuelitas, un objetivo que a pesar de las trabas que la vida africana te pone día a día: trabajo sin descanso en los campos de arroz o en la campaña del anacardo, fin de curso en los colegios o simplemente unas torrenciales lluvias que hacen imposible el desplazamiento, lo hemos llevado a cabo con la mayor de nuestras ilusiones y ganas, con pasión y emoción, no solo por las voluntarias encargadas de este proyecto sino también por parte de los docentes asistentes a la formación. Y a pesar de que el objetivo inicial era enseñar, yo no he hecho otra cosa más que aprender desde primer momento al último.
Aprender a valorar la suerte de nacer en un lugar u otro del mundo,  aprender a valorar el poder de la capacidad de supervivencia, aprender el poder de la fuerza de voluntad, aprender el significado real de la palabra esfuerzo, sacrificio y generosidad.
 
He aprendido de una forma desgarradora y real que  querer es poder, que si quieres puedes y sobre todo la importancia de la educación. Porque el verdadero mérito no es de quien vuela durante 8 horas desde un mundo en que no falta NADA para aportar su granito de arena, el verdadero mérito es de aquellos maestros que compaginan la labor de la tierra con la educación de los niños, el mérito esta en esos maestros que sin apenas tizas imparten sus clases, en alumnos que pierden años de escolaridad por tener que dedicarse al trabajo para colaborar en casa, alumnos a los que un cuaderno les tiene que durar una vida escolar entera, alumnos que comparten un antiquísimo pupitre doble, en muchos casos comido por termitas entre 4 compañeros, el mérito esta en maestros por VOCACIÓN con mayúsculas que cobran un sueldo miserable unos pocos meses al año y que al terminar su jornada con los niños vuelven a las aulas de noche, sin luz, sin recursos pero con actitud positiva para seguir impartiendo clases de alfabetización a unas mujeres guerreras, valientes y con un coraje digno de admiración que recorren hasta varios kilómetros con el bebé a la espalda, un lápiz, un folio y una lamparita solar (cedida por la ONG) con el “único” motivo de aprender a leer y escribir sus nombres. El mérito se encuentra en todas esas personas que te tratan como si fueras un dios divino caído del cielo cuando no somos más que personas privilegiadas acostumbradas a quejarnos por nada, a vivir cómodamente y a no saber apreciar la importancia de la vida.
Después de apenas 15 días perdida de la civilización tal y como los europeos la entendemos, no sólo he tenido la oportunidad de transmitir o mejor dicho, intercambiar conocimientos con profesores y alumnos, he podido vivir de forma galopante un sinfín de experiencias personales que me han enriquecido y me han hecho crecer como profesional y sobre todo como persona.
SOLO PUEDO DECIR…OBRIGADA!!

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